De qué protegen las cortinas de cristal

Cuando alguien se plantea acristalar una terraza o cualquier otro espacio exterior suele tener una molestia concreta en la cabeza. El viento que tira los cojines, el ruido de la calle a las siete de la mañana, la capa de polvo que hay que barrer cada dos días.
Y lo que quiere saber es sencillo: si las cortinas de cristal lo resuelve o no.
La respuesta corta es que unos paneles de vidrio templado resuelven bastantes de esas cosas y otras no, y merece la pena distinguirlas antes de invertir. Vamos una por una, y al final están las que no.
Del viento
Es la protección más evidente y la que más se nota desde el primer día. Con los paneles cerrados el espacio queda resguardado por completo: se acaban las tardes en las que hay que entrarlo todo porque se ha levantado aire, y se acaba también la sensación de frío que produce la corriente aunque la temperatura no sea baja.
Lo interesante es que no hace falta cerrar del todo. Como los paneles se mueven de forma independiente, puedes cerrar solo el lado por el que entra el viento y dejar el resto abierto, que es como se usa la mayor parte del año.
Si tu terraza está en una zona expuesta y lo que te preocupa es si el sistema aguanta, eso lo tratamos aparte en cortinas de cristal en zonas con viento.
De la lluvia
Con los paneles cerrados y bien sellados, el agua se queda fuera. Eso significa que el mobiliario deja de estropearse, que no hay que recoger nada cuando se pone a llover y que el suelo no acaba lleno de barro y hojas cada otoño.
Conviene una precisión honesta: un acristalamiento vertical protege del agua que cae en vertical y de la que empuja el viento contra el vidrio, pero no cubre por arriba. Si tu terraza no tiene techo, seguirá mojándose desde arriba por mucho que cierres los laterales.

Del ruido
Es la protección que menos gente busca y la que más sorprende después. El grosor del vidrio y el sistema de sellado reducen de forma apreciable el ruido que llega del exterior, y en una terraza o balcón que da a una calle con tráfico el cambio se percibe nada más cerrar.
No es un aislamiento acústico de estudio de grabación. El ruido no desaparece, baja. Pero en la práctica es la diferencia entre poder hablar tranquilamente en la terraza y tener que levantar la voz.
Del polvo, el polen y la suciedad
Todo lo que trae el aire se queda al otro lado. Cuenta bastante si vives cerca de una vía transitada, si hay obras alrededor, si tienes arbolado cerca o si en casa hay alguien con alergia estacional.
El efecto más práctico es que el espacio pasa a limpiarse como un interior y no como un exterior. Deja de acumularse esa capa que hay que barrer constantemente.
De la temperatura, con matices
Aquí hay que ser preciso, porque es donde más expectativas fallan. Los paneles cortan la corriente de aire, y eso hace que el espacio conserve mucho mejor la temperatura, pero un vidrio simple no se comporta como un doble acristalamiento con cámara.
En los meses fríos el resultado es un espacio claramente más templado que el exterior, aunque no tanto como el salón. Lo contamos con detalle en ventajas de las cortinas de cristal en invierno.
En verano ocurre lo contrario de lo que mucha gente espera: el cristal deja pasar la radiación solar, así que cerrado y con sol directo el espacio se calienta. Por eso en esa estación el valor está en abrir, y lo desarrollamos en ventajas de instalar cortinas de cristal en verano.
Si te preocupa especialmente la radiación porque tu terraza está muy expuesta, existen vidrios con tratamiento de control solar. Es una decisión que se toma al elegir el material, no después, y la explicamos en nuestros vidrios.

De intrusiones y de accidentes
Esta es la protección que menos se menciona en los catálogos y sobre la que más nos preguntan quienes viven en una planta baja o tienen niños pequeños. Merece la pena separarla en dos cosas distintas, porque no son lo mismo.
Frente a accesos no deseados, un panel de vidrio templado no es una reja ni pretende serlo, pero tampoco es un cristal cualquiera. Se fabrica con un tratamiento térmico que multiplica su resistencia a los impactos, y los sistemas incorporan cierres de seguridad que impiden abrirlos desde fuera. Comparado con una terraza abierta, la diferencia es evidente: pasa de ser un acceso directo a ser una barrera que hay que forzar.
Frente a accidentes, que es lo que preocupa en casas con niños, la clave está en cómo se comporta el vidrio si llega a romperse. El templado no genera fragmentos cortantes: se descompone en trozos pequeños de bordes romos, que es exactamente lo que evita las lesiones graves. Los cierres de seguridad cumplen además una segunda función, la de impedir que un panel se abra solo con el viento o con un empujón.
Hay un matiz que conviene tener claro si el espacio está en altura: los paneles cierran el hueco, pero no sustituyen a la barandilla. La protección anticaída sigue siendo trabajo de la barandilla, y en una instalación bien hecha las dos cosas conviven.
De qué no protegen
Igual de útil que saber qué resuelven es saber qué no, sobre todo porque son cuatro cosas que la gente da por hechas y luego no aparecen.
- De la lluvia que cae desde arriba, si la terraza no tiene techo. Los paneles cubren los laterales, no la superficie superior.
- Del frío de verdad, en el sentido de convertir el espacio en una habitación climatizada. Para eso hace falta vidrio con cámara y asumir los marcos que lleva.
- De la humedad por condensación, que puede aparecer precisamente porque el espacio está cerrado. Se controla ventilando, y lo explicamos junto al resto de limitaciones en inconvenientes de las cortinas de cristal.
- De las miradas, porque el vidrio es transparente. Si buscas intimidad hay que resolverlo con vidrios tratados o con elementos textiles por dentro.

Entonces, ¿de qué protegen?
De casi todo lo que hace que una terraza, balcón o cualquier espacio que de al exterior se use poco: el viento, el agua, el ruido, el polvo y, en buena medida, el frío. Y de una cosa que no suele estar en la lista pero pesa, que es la sensación de que el espacio está expuesto.
Lo que no hacen es convertir un exterior en un interior. Eso no es un defecto del sistema, es su propósito: mantener el espacio como lo que es, con la opción de protegerlo cuando hace falta y de abrirlo cuando apetece.
Si quieres saber qué protección concreta necesita tu espacio, depende bastante de la orientación, de la altura y de lo expuesto que esté. Fabricamos e instalamos cortinas de cristal a medida en toda España: cuéntanos cómo es tu terraza y te decimos qué vidrio conviene,
Compartir esta entrada