Cómo proteger los muebles de terraza del viento y la lluvia

Cómo proteger los muebles de terraza del viento y la lluvia
Llega octubre y empieza el ritual. Recoger cojines, sacar las fundas del trastero, entrar la mesa pequeña, atar lo que pueda volarse. Y en primavera, el mismo trabajo al revés.
Hay varias formas de resolverlo, y no todas cuestan lo mismo ni sirven para lo mismo. Vamos de la más sencilla a la más definitiva, para que veas en cuál te reconoces.
Lo primero: mira de qué está hecho lo que tienes
Antes de comprar nada, merece la pena saber a qué te enfrentas, porque cada material falla de una manera distinta.
- La madera es la que más atención pide. La teca y el iroko aguantan bien la intemperie porque tienen aceites naturales, pero se agrisan si no se tratan. El pino tratado para exterior necesita revisión cada temporada o dos. Si la madera se ha vuelto gris y áspera al tacto, no está estropeada: ha perdido la capa protectora y se recupera lijando y aplicando aceite específico.
- El aluminio es el que menos problemas da. No se oxida y aguanta la lluvia sin inmutarse. Su punto débil es otro: pesa poco y con viento fuerte se mueve.
- El hierro y el acero se oxidan en cuanto la pintura salta. Un pequeño golpe que deje el metal a la vista es el principio de una mancha que va creciendo.
- El ratán sintético aguanta agua y sol bastante bien, pero se vuelve quebradizo con los años si le da el sol directo todo el verano. El ratán natural, en cambio, no debería estar a la intemperie.
- Y los textiles son casi siempre el eslabón débil. Los cojines absorben humedad, y una vez que entra el agua en la espuma, tarda días en salir aunque fuera haga sol.

Las soluciones, de menos a más
Ninguna es mejor que otra en abstracto. Depende de cuánto uses la terraza, de cuántos meses al año y de cuánto tiempo estés dispuesto a dedicarle.
Fundas
Es la respuesta más barata y para muchas terrazas es suficiente. Funcionan si cumplen dos condiciones: que sean transpirables y que cubran hasta abajo.
Las de plástico sin respiración son peores que no poner nada, porque atrapan la humedad contra el mueble y aparecen hongos. Y las que quedan a media altura dejan entrar el agua por la parte inferior en cuanto sopla viento.
El inconveniente es que hay que ponerlas y quitarlas, y en la práctica acaban puestas de octubre a mayo. Durante esos meses la terraza deja de ser un sitio agradable de mirar.
Guardar lo pequeño
Cojines, alfombras y textiles conviene entrarlos siempre, aunque el resto se quede fuera. Un baúl estanco en la propia terraza resuelve el almacenaje y evita el paseo al trastero.
Guárdalos completamente secos. Si los metes con algo de humedad, en un baúl cerrado aparece moho en pocas semanas.
Mantenimiento del material
En muebles de madera, una mano de aceite antes del invierno y otra al empezar la temporada mantienen la pieza durante años. En hierro, revisar los puntos donde ha saltado la pintura y retocarlos antes de que aparezca el óxido.
Es trabajo, pero es lo que más alarga la vida de un mueble que merezca la pena.
Fijar lo que puede volarse
Si tu terraza es de viento, sillas ligeras y sombrillas son proyectiles. Mesas con base pesada, sillas apilables amarradas entre sí y sombrillas recogidas y atadas evitan sustos y daños al vecino de abajo.
Ahora bien, si el viento es constante y no puntual, el asunto ya no se resuelve con los muebles.
Cambiar de muebles
A veces la solución más sensata es aceptar que los muebles que tienes no son para ese espacio. Aluminio con textiles de exterior, resina trenzada de calidad o piezas pensadas para quedarse fuera todo el año dan mucha menos guerra que un conjunto de madera bonito que exige atención constante.

Y si llevas años repitiendo el mismo trabajo
Aquí está la pregunta que casi nadie se hace. Si cada otoño cubres, entras y atas, y cada primavera vuelves a sacarlo todo, quizá el problema no sean los muebles.
Son el síntoma. Lo que falla es que la terraza está a la intemperie.
Proteger el espacio en vez de los muebles cambia el planteamiento entero: las piezas se quedan donde están, los cojines no se mojan, la madera deja de agrisarse y la terraza sigue siendo un sitio agradable en diciembre. Deja de haber temporada alta y temporada de fundas.
Ahora bien, hay dos frentes distintos y conviene no confundirlos, porque resuelven cosas diferentes y no siempre hacen falta los dos.
- Por arriba. Si encima de tu terraza no hay nada, la lluvia cae directamente sobre los muebles y ningún cierre lateral lo evita. Ahí la solución es una cubierta: un techo fijo deja el espacio protegido todo el año, y un techo móvil permite abrirlo en cuanto llega el buen tiempo. En los dos casos el espacio queda cubierto sin quedarse a oscuras, que es lo que pasa con una cubierta opaca.
- Por los lados. Es lo que corta el viento, la lluvia que empuja en horizontal y el polvo que lo ensucia todo. Con cortinas de cristal la terraza queda cerrada en invierno y vuelve a abrirse por completo en verano, así que no renuncias a tenerla al aire libre.
En una terraza de piso que ya tiene encima el vuelo del edificio, suele bastar con los laterales. En una terraza descubierta, hacen falta las dos cosas, y lo habitual es resolverlo como un conjunto: un cerramiento de terrazas completo.
Es, con diferencia, la opción más cara de esta lista, y solo compensa si se cumplen dos condiciones a la vez: que la terraza sea un espacio que quieras usar más meses al año, y que protegerla haya dejado de ser algo puntual para convertirse en una rutina.

Cuando la terraza deja de tener temporada
Si usas la terraza tres o cuatro meses al año, unas buenas fundas y un baúl resuelven el problema y no hay ningún motivo para gastar más.
Si la usas de marzo a noviembre y el invierno te obliga a desmontarlo todo, el mantenimiento anual empieza a pesar y merece la pena hacer cuentas.
Y si has llegado al punto de no sacar los muebles porque sabes que en dos semanas hay que volver a guardarlos, ahí la conversación ya no va de muebles. Va de cuántos meses al año quieres tener terraza.
Compartir esta entrada